El año pasado cerró con una lamentable y trágica noticia: “En Guatemala hay 9.4 millones de personas que viven en pobreza”. El dato duro y frío estremece. Un país con grandes desigualdades y desafíos.

La noticia causó mucho revuelo y discusión sobre las razones que nos han llevado a esta situación y las soluciones para atenderla, desde las diferentes posiciones políticas e ideológicas. En este sentido, se habló de replantear el modelo de desarrollo del país, de las competencias del Gobierno (evaluando las políticas y programas específicos para esta materia), promover un pacto fiscal, atraer más inversión y crear más empleos, entre muchas otras.

La información que presentó el Instituto Nacional de Estadística (INE) desnuda y escenifica la histórica y triste realidad. La pobreza. Una situación que afecta con mayor incidencia a las zonas rurales e indígenas, y a los jóvenes y mujeres. Ya que los datos al desagregarlos por estas variables se agudizan, presentando los más inhumanos rostros de la pobreza.

La información de la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi) 2014 revela un incremento en el porcentaje de la población que se encuentra en condiciones de extrema pobreza, ya que pasó en el periodo del año 2006 al 2014, del 15.5% al 23.4%, mientras que la población en condiciones de pobreza se elevó de 51.2% a 59.3% en el mismo periodo. En pobreza extrema se contabilizan 3.7 millones de guatemaltecos y en pobreza total a 5.7 millones.

Al analizarlos con la variable étnica muestran lo siguiente: a) La pobreza extrema en la población indígena aumentó 12 puntos, al pasar del 27.3% al 39.8%; y en la población no indígena se incrementó de 7.8% a 12.8%. B) La incidencia de pobreza total para los indígenas, de 79.2%, y para los no indígenas, de 46.6%. Es decir, en Guatemala los más pobres son los indígenas. Aunque también la pobreza está presente en la población no indígena.

Los departamentos con mayor incidencia de pobreza son lugares con altos porcentajes de población indígena: Sololá, Totonicapán, Huehuetenango, Quiché y Alta Verapaz. La incidencia de pobreza supera en promedio el 70% de las personas.

Por otro lado, cuando se revisan los años de escolaridad según nivel de pobreza, se evidencia que el promedio de escolaridad de las personas que se encuentran en extrema pobreza es de 3.1, para las que están en pobreza no extrema de 4.5 y para las no pobres de 7.6. Hay una relación entre a mayor pobreza menor escolaridad, y a la inversa, a mayor escolaridad menor pobreza.

Sin duda, las cifras darán mucho de que hablar. Especialmente brindan la oportunidad para analizar lo que estamos haciendo como sociedad, porque el problema no solo es del Gobierno, y replantear en ese sentido las rutas y líneas de acción para atender la pobreza. Se necesitan acuerdos y compromisos de país.

Yo pongo en esta columna un granito de arena con algunos de los datos más relevantes presentados por el INE. Estoy consciente que ameritan reflexiones más profundas, pero estoy seguro que muchos “vagos” estarán estudiando y discutiendo cómo solucionar la pobreza en Guatemala. ¿Qué soluciones plantea usted?