El miércoles por la noche llegó al país Alfonso Portillo. El expresidente regresó tras cumplir su condena en Estados Unidos. El exmandatario, que fue extraditado al país del norte en mayo de 2013, fue acusado y condenado por lavado de dinero, luego de haber confesado que se apropió de US$2.5 millones, producto de un soborno del gobierno de Taiwán.

El expresidente fue recibido en las afueras del aeropuerto por cientos de personas que cantaban, bailaban y gritaban mensajes de bienvenida. Esta es una muestra de su popularidad y de la aceptación que tiene en amplios sectores de la población.

Recordemos que Portillo es considerado el mejor expresidente de los últimos años. Según una encuesta publicada por Borges y Asociados en julio de 2014, el 52 por ciento de los encuestados considera a Portillo el mejor gobernante de la era democrática y más de la mitad (51 por ciento) afirma que votaría por él si existiera la reelección (Contrapoder, 2015).

En un informe sobre las promesas de los presidentes de Guatemala de 2000 a 2015, elaborado por la URL y Asíes (2015), se reconoce que en el gobierno de Portillo se dio una afrenta a los monopolios de la harina, el azúcar, el cemento, el pollo y los fertilizantes. Así como un aumento en el presupuesto de educación y avances en los programas de alfabetización; y un aumento sostenido del salario mínimo, a lo largo de sus cuatro años de gobierno.

Por otro lado, el informe identifica que durante el gobierno de Portillo la pobreza no disminuyó, ni mucho menos se implementaron políticas públicas para atender ese problema. El gobierno se caracterizó por el manejo oscuro y sospechoso de los recursos públicos y los escándalos de corrupción que estuvieron a la orden del día.

El regreso de Portillo a la palestra pública, más allá de los aciertos y desaciertos de su gobierno, ha dado de que hablar por la expectativa de que participe como candidato en las próximas elecciones. El “caudal electoral” de Portillo, dada la popularidad y aceptación que goza, es altamente cotizado por varios partidos políticos, que tienen la esperanza de que ese caudal se transforme en votos. Portillo no puede ser candidato a presidente pero sí puede ser candidato a diputado, alcalde o miembro de la corporación municipal.

Algunas de las dudas que quedan por resolver si el expresidente decide participar como candidato son: ¿con qué partido lo hará? ¿Quiénes se constituirán en su grupo de apoyo? ¿De dónde vendrán los recursos financieros que utilizará para su campaña política? ¿Logrará convertir su popularidad en votos?

Que hablemos sobre las posibilidades electorales de Portillo nos muestra la incapacidad que tenemos como sociedad, y en especial la de los partidos políticos, para promover una renovación de liderazgos. No es posible que las esperanzas de impulsar cambios en el país estén depositadas en un personaje que fue juzgado y condenado por actos de corrupción.

Necesitamos líderes con una visión de Estado y con capacidad de organizar proyectos políticos realistas que busquen el bien común, y no intereses personales ni sectoriales. Ya basta de la política clientelar de los negocios. Recuperemos el ejercicio de la política basado en valores y principios democráticos ¿Usted qué opina?