La oprobiosa farsa del circo que la guerrilla quiere armar para encubrir su clara responsabilidad en la quema de la Embajada de España. A continuación la segunda parte de una carta que la señora Mireya Molina Sierra, (hija del ilustre guatemalteco Adolfo Molina Orantes, excanciller de la república que fue secuestrado y masacrado por el CUC y el EGP en la quema que la guerrilla hizo de la Embajada de España en 1980) me hiciera llegar y que me hace reflexionar sobre que hoy la misma guerrilla, 34 años más tarde, quiere encubrir ese horrendo crimen que cometió culpando a un policía del régimen luquista. A continuación las respuestas que en el juicio dio el hermano de la señora Mireya su hermano Adolfo Molina Sierra:

“¿Cómo encontró la situación cuando usted se presentó? Al llegar a eso de las 12:00 horas a la Embajada, la policía ya se encontraba en la calle rodeando la Embajada. Sobre los balcones de la Embajada había unas mantas que decían EGP y CUC. Había muchas personas particulares observando lo que sucedía. El Embajador tenía un megáfono en la mano con el que pedía la colaboración de la policía para mantener el control de la situación. Mi padre que había sido tomado como rehén, fue forzado a pedir por el megáfono, que la policía se retirara para evitar cualquier desgracia. Los ocupantes se encontraban por toda la casa. Había un personaje que identifico como el conserje de la Embajada que dejaba entrar y salir a las personas, dejó entrar a la prensa y al hijo de una de las víctimas que quería intercambiarse por su madre, pero no lo dejaron. También vi la ambulancia de la Cruz Roja aparcado al lado de la Embajada con la señora Odette Arzú de Canibel y a Augusto Bauer. Cada vez llegaban más policías y judiciales y algunos se empezaron a subir al techo por las paredes. Llamé a mi madre, Emilia de Molina, para que llamara al Ministro de Gobernación Donaldo Álvarez Ruiz, para pedirle ayuda. Ella lo llamó porque sabía que conocía a mi padre y creyó que lo podía auxiliar en ese momento. Contestó a la primera llamada prometiendo que iba a hacer todo lo posible por ayudarlo. Pero cuando se le volvió a llamar pidiendo auxilio, no volvió a responder.

¿Cómo fue que entró la policía?

A eso de las 14:00 empezó el movimiento más intenso de la policía, dijeron que iban a entrar. Mario Aguirre Godoy logró salirse de la Embajada y se fue escoltado por la policía. Le pedí al jefe de la Policía Nacional que esperara diez minutos más, que iría a llamar otra vez por teléfono al Ministro de Gobernación Donaldo Álvarez Ruiz. Cuando regresé, la policía ya había ingresado al primer piso de la Embajada. Los ocupantes se atrincheraron en el segundo piso, en el despacho del Embajador y cerraron la puerta y las ventanas. No se oía nada. Como a las 3:00, la policía subió al segundo piso. Se oyeron dos disparos que salieron por las ventanas del despacho, hacia la calle. Los policías brincaron de los techos y salieron corriendo. Tras de eso, se escuchó desde dentro un sonido bofo, como cuando a la gasolina se le prende fuego, entonces salió humo negro del despacho hacia la calle y empezaron más disparos y gritos, muchos gritos. Corrí, agarré la manguera del jardín y me trepé al balcón, quería apagar el fuego, ayudar a mi padre pero había mucho humo y el fuego no me dejaba acercarme, el griterío era interminable. Una indígena puso su cara y sus manos en los barrotes y allí murió, enfrente de mí. El fuego vino de adentro, del despacho del Embajador. El Embajador Cajal salió. Todos los demás murieron. Los rehenes fueron sacrificados por los guerrilleros más radicales que juraron que nadie saldría vivo, ayudados por el Embajador Cajal”.