Guatemala es una república independiente desde 1821 y 1847.
Nadie, ningún embajador, ningún país, ningún parlamento, ninguna legislación extranjera, puede ni debe condicionar el resultado o la condena o absolución de ningún reo guatemalteco en ningún juicio de jurisdicción guatemalteca.

El embajador Robinson de los EE. UU., de reciente arribo y con beneplácito en el país, se ha permitido una comunicación pública donde en forma muy poco respetuosa y en forma obvia trata de intimidar a un tribunal guatemalteco y se coloca en una posición insostenible de irrespeto a los asuntos internos judiciales guatemaltecos en el circo que la extrema izquierda guatemalteca e internacional ha querido montar, fabricando una acusación falsa de genocidio contra un jefe de Estado guatemalteco y un director de inteligencia, de la mano de la insolente presión de ONG extranjeras y gobiernos norteamericanos y europeos; se ha querido fabricar un circo de la mano de jueces que más parecen verdugos ideológicos en un juicio político en la Unión Soviética que jueces independientes e imparciales; violando garantías procesales, el derecho de defensa y la ley constitucional de amparo en repetidas y escandalosas ocasiones.

En Guatemala no se cometió un genocidio, no existió nunca en ninguna orden general del ejército, en ninguna doctrina militar, en ninguna orden del Estado Mayor de la Defensa o de jefe de Estado o presidente guatemalteco alguno, ni la intención, ni el móvil, ni la motivación, ni la intención de eliminar a ningun grupo étnico guatemalteco, eso es tan obvio que ni la misma guerrilla en los años de la guerra dijo que se hubiera cometido un genocidio, ni lo escribio ni utilizó esa propaganda falsa contra el Estado en su guerra asesina por tomar el poder con asesinatos, terrorismo, secuestro, reclutamiento forzado de niños y adolescentes para combatir al ejército y hasta desecación de cadáveres de militares caídos en combate en la montaña, la barbarie de la guerrilla guatemalteca, de la URNG, de las FAR, de la ORPA, del asesino EGP o el PGT curiosamente no aparecen en la preocupación por violaciones de los DD. HH. del embajador Robinson. 

Yo le pregunto, señor embajador, ¿no asesinó acaso la guerrilla terrorista guatemalteca al embajador norteamericano Jhon Gordon Mein? ¿No mató a varios oficiales norteamericanos? ¿No ayudó acaso por décadas el gobierno de los EE. UU. al gobierno de Guatemala en su guerra contra esa guerrilla asesina y secuestradora?

¿Quiere acaso su país, señor embajador, una vez la exguerrilla guatemalteca complete su farsa y circo y logre condenar al Estado guatemalteco y a todos los guatemaltecos a una ignominia de un crimen que no se cometió, para entonces colocar a su país como colaboracionista del “genocidio”? ¿Es esa su misión en Guatemala? ¿Está usted dispuesto a colocar a su propia patria en ese riesgo internacional? ¿O cree usted que esta guerra solo afectará a Guatemala y no se volverá la extrema izquierda internacional contra los EE. UU. y los implicará a ustedes también por colaboracionistas de esta patraña de genocidio que los radicales de extrema izquierda quieren montar aquí?

Le recomiendo mucho que lea las columnas del periodista de extrema izquierda norteamericano Allan Narim: http://www.theguardian.com/commentisfree/2013/aug/05/media-complicity-us-foreign-policy
Verá usted, señor embajador: you are sowing the seeds of your own country’s international diagrace, and the direct indictment of a genocidal colaborationist charge for the USA while trying to destroy Guatemala with a crime we, in our war, did not do.

¿A tanto llega su compromiso ideológico, señor embajador? O dicho de otra forma ¿será que la patria vale menos que una venganza injusta? Yo no lo creo y espero que la república federal constitucionalista cambie su postura que hoy parece estar del lado de los enemigos de la República de Guatemala, que tanta muerte y destrucción nos causaron por décadas; merece más la patria de Jefferson Adams Hamilton y Jay..