"Yo no disfruto estando desnuda", ronronea Eva Green, para sorpresa de la audiencia en el lanzamiento del Calendario Campari, del que ella es el rostro, en un bar de estilo cafetería jazz en un estudio de Londres. Esto viene de la mujer que apareció en explícitas escenas incestuosas en "The Dreamers" y tuvo editado un cartel de "Sin City 2" después de haber sido considerado demasiado subido de tono para el consumo público.

Aunque portaba un vestido rojo con detalles negros y puntiagudos tacones de Christian Louboutin, Green insiste en que ella es "tímida" y odia las "sesiones de fotos". "Nunca he hecho algo que lamento, siempre es justificado por el personaje. Me meto tanto en el personaje y me pongo tan apasionada, que de alguna forma olvido y me adormezco", reflexiona. 

¿Buena actriz? Indiscutible, pero su voluntad o más bien su capacidad para entrar en el rol y desnudarse, es lo primero que logró que el CEO de la marca de bebidas Campari, Bob Kunze-Concewitz, tomara en cuenta su potencial como un activo para el calendario titulado “Mythology Mixology” que está en su 16ª año de publicación y donde han aparecido anteriormente actrices como Uma Thurman y Penélope Cruz. Pero, por desgracia el aspirante a almanaque no está disponible al público.

"Desde que te vi en" The Dreamers " sabía que teníamos que hacer algo", dice en un tono acorde a un seductor hombre mayor de literatura femenina. Green finge: "Estoy ruborizada" y coquetamente alza las cejas de esa manera felina en la que ella es tan adepta.

Todo es parte de su personalidad "cool" y su aspecto de mujer fatal que tenía a la fotógrafa Julia Fullerton-Batten (la primera mujer en fotografiar el calendario de edición limitada) muy entusiasmada con la sirena de "300: Rise of an Empire". "Sólo quiero ser yo misma y ser libre". Pero no desnuda, confiando: "Me gustan los trajes y el maquillaje fuerte. Es un especie de blindaje".

Su única protección en las fotografías que enviaron a la estrella de "Casino Royale" a todo el mundo desde el espacio al ring de boxeo a la bolera fueron una serie de vestidos de color rojo Campari. Y, por supuesto, esa sonrisa, que tendría los hombres clamando para comprar el pin-up a Negroni en el bar.