Nunca subestimen el poder de venganza de un gato. Sobre todo, si lo tratan mal. Y esto le pasó a un intento de músico, que trató horriblemente al felino que reposaba en su silla de manera plácida. Lo agarró y lo pateó para ponerse a dar su recital.

Pero de inmediato, el gato cobró la ofensa. Subió por la escalera y pateó una maceta que cayó justo en la cabeza de su dueño maltratador. Tanto le dolió la revancha del animalito, que no pudo seguir con su expresión artística y tuvo que pararse del lugar que le pertenecía a quien maltrató.

Lección para la vida: el karma no perdona.