A veces la desesperación puede salvar una vida. En especial si es la nuestra. Un hombre que se encontraba en una esquina viendo las rutas de los autobuses y que posiblemente se había confundido de parada, decidió mejor caminar a su destino. 

Para muchos la suerte no existe, para otros parece que sí. O el destino le tenía otros planes a este hombre que simplemente la desesperación le ganó a una consecuencia catastrófica.