El último largometraje de Christopher Nolan –nunca mejor dicho, puesto que el filme dura dos horas y 49 minutos– es el último eslabón de una larga tradición de epopeyas espaciales entre las cuales están “2001: A Space Odyssey” (1968), de Stanley Kubrick; “Solaris” (1972), de Andrei Tarkovsky; y, más recientemente, “Gravity” (2013), de Alfonso Cuarón.

Las predecesoras de “Interstellar”, que está en las salas de cine desde el 5 de noviembre, tienen en común haber analizado temas de su época (la llegada del ser humano a la Luna, la disputa entre Estados Unidos y la Unión Soviética por el dominio de la ingeniería espacial,   los accidentes en el espacio), ¿pero de qué trata la película de este formidable director inglés que siempre viste de traje, a la manera de Alfred Hitchcock?

Escritor del guion, a veces ayudado por su hermano Jonathan, de películas de proporcionas épicas como “Inception” y la trilogía de “The Dark Knight” o independientes y brillantes como “Memento” y “The Prestige”, Nolan ha hecho de este viaje intergaláctico un conjunto geek de imágenes deslumbrantes, contenido científico y mucho maíz (literalmente), con la ayuda de Kip Thorne, físico teórico, autor de numerosas contribuciones astrofísicas y productor ejecutivo del filme.

Como ocurrió con sus predecesoras, “Interstellar” tiene escenas indescifrables para un espectador que no está familiarizado con ecuaciones de relatividad general, Anne Hathway y Matthew McConaughey en una misma película. Si Nolan ha tenido en su equipo a un físico teórico, es lógico que los aficionados al cine pidamos la ayuda de Neil deGrasse Tyson, un astrofísico estadounidense que suele descifrar enigmas científicos, muy popular en YouTube: