Ser esbelto no es solo cuestión de genética, o de cirugías. Muchas veces, es el triunfo de la voluntad. Y por tener esta condición corporal se debe pagar un precio.

Este fue el que pagó Kristin Lockridge, de 33 años. Toda su vida se sintió miserable por ser obesa. No tuvo citas, incluso la rechazaron en su adolescencia diciéndole: "Saldría contigo, si fueras más flaca". Creyó que no se casaría. Y lo hizo, con un hombre llamado Lance. Tuvo dos hijos. Pero no era feliz.

Se sintió tan mal consigo misma que se echó a llorar en casa de sus suegros y le anunció a su esposo que no quería seguir siendo así. Por eso, los dos compraron los DVD de "The Biggest Loser" y comenzaron a anotar pequeñas metas en un cuaderno. Ella comenzó a ir a un gimnasio. Hizo pesas, también spinning.

Y cuando maldecía, su esposo la animaba. También comenzó a trotar. Y su mentalidad cambió. "Yo culpaba a Dios por hacerme así, pero yo era la que tenía que cambiar", afirmó. Dejó de comer tanto y de fumar, reportó la revista Cosmopolitan.
 
Ahora, correrá su primer maratón en octubre. Aquí, su página de Facebook.